Sam Altman, CEO of OpenAI, and Dario Amodei, co-founder and CEO of Anthropic. Florian Gaertner/dpa/Zuma Press; Vincent Isore/IP3/Zuma Press

OpenAI y Anthropic: dos expresiones de una misma singularidad

En la apuesta por alcanzar el liderazgo en el sector de la inteligencia algorítmica, OpenAI y Anthropic aun cuando ambas participan de una aceleración tecnológica y de expansión del capital se diferencian en cuanto a proyección de la sostenibilidad de sus negocios a futuro.

En la actualidad OpenAI pudiera parecer mejor posicionada que Anthropic. Según datos disponibles para 2025 y documentos citados por The Wall Street Journal, la compañía generó aproximadamente 13.000 millones de dólares en ingresos, mientras que su gasto neto o tasa de quema (burn rate) anual rondó los 9.000 millones.

Anthropic, en contraste, ingresó 4.200 millones y quemó cerca de 3.000 millones ese mismo año.

Entre las razones que nos pudieran hacer percibir a OpenAI con un mejor desempeño figuran los siguientes indicadores. En 2025 generó más ingresos, tiene, asimismo, una mayor adopción y mayor visibilidad global, concentra la valoración más alta del sector (alrededor de 500.000 millones); y mantiene acceso privilegiado a inversiones estratégicas, como las provenientes de Microsoft.

Desde esta perspectiva de corto plazo, la empresa presenta un liderazgo evidente.

Pero si analizamos su desempeño a mediano plazo la situación se invierte.

Según el informe citado por The Wall Street Journal, OpenAI proyecta pérdidas operativas de entre 74.000 y 75.000 millones de dólares en 2028 y no espera alcanzar la rentabilidad antes de 2030. La empresa dependerá de rondas de financiación extremadamente elevadas para sostener ese gasto siendo este su principal talón de Aquiles.

Anthropic en el otro extremo muestra una dinámica diferente. La compañía prevé alcanzar el punto de equilibrio (break-even) en 2028, reduciendo su “burn rate” del ~70 % en 2025 a aproximadamente 9 % en 2027. Su modelo está menos expuesto a costos de infraestructura masiva, ya que concentra cerca del 80 por ciento de sus ingresos en servicios dirigidos al sector empresarial y evita segmentos de computación extremadamente costosos, como la generación de imágenes y vídeo.

Dicho lo anterior esta asimetría de desempeño es temporal, la mirada a futuro indica los riesgos que asumen los inversores y el propio líder de OpenAI, esto unido a la noticia de que Nvidia es uno de los inversores de la compañía de Sam Altman quien a su vez necesitará de los chips de Nvidia habla de que en caso de una burbuja de la inteligencia digital esta no afectará por igual a todos los actores. Al respecto, vale destacar que efectivamente, Nvidia invertirá hasta 100.000 millones de dólares en OpenAI como parte de una asociación estratégica para impulsar la construcción de centros de datos de inteligencia artificial a gran escala. El acuerdo implica dos transacciones entrelazadas: OpenAI pagará a Nvidia en efectivo por el hardware, mientras que Nvidia invertirá en OpenAI a cambio de acciones no controladoras.

Retomando el asunto que nos ocupa, Anthropic tampoco quedaría inmune en un escenario de contracción severa. Pese a su mayor prudencia operativa, depende de inversión de riesgo y forma parte del mismo ecosistema especulativo. Ambas compañías constituyen manifestaciones del Capitalismo de la Necesidad Exacerbada (CNE), donde la percepción inflada del potencial tecnológico alimenta inversiones crecientes que pueden o no corresponderse con la capacidad real de generar beneficios sostenibles.


Imagen: Sam Altman, CEO of OpenAI, and Dario Amodei, co-founder and CEO of Anthropic. Florian Gaertner/dpa/Zuma Press; Vincent Isore/IP3/Zuma Press